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Mélodie es una de las beneficiarias de Agua de Coco en Tulear, en Madagascar. Viene de una familia humilde en la que su madre está divorciada y hace todo lo posible por mantener a su familia. Así que Mélodie, sus dos hermanos y su hermana suelen ayudarla cuando regresan del colegio.

Alice, una amiga de toda la vida, le habló por primera vez del Centro de Arte y Música (CAM). Mélodie nos contaba que antes de descubrir el centro, pasaba mucho tiempo jugando al Katra y al Tantara, dos juegos muy habituales allí, y charlando con las niñas y los niños del barrio y con sus hermanos y su hermana. Así que un sábado Alice le invitó a acompañarla al CAM.

“Me sorprendió que existiera un grupo así fuera de las instituciones religiosas. Acepté la proposición de Alice solo por la curiosidad de conocer algo nuevo” 

Se inscribió al Centro de Arte y Música en 2013. Le contó sobre el Centro de Arte y Música a otras amigas. Su compañera Gina también se inscribió. “Gina es mi mejor amiga. Desde siempre, compartimos todo juntas. Quería que ella también pudiese prosperar en otros ámbitos además del colegio”. Al final,  como muchas de sus amigas acabaron inscribiéndose  con ella en las actividades del Centro, lo veía sobre todo como una manera de divertirse y no se involucraba mucho en el proyecto.

Su madre estaba perpleja con las actividades extraescolares de su hija y temía que tuviese repercusiones en sus estudios.

Pero a medida que se iba creando una cohesión de grupo y que los profesores les enseñaban a cantar, Mélodie participaba más y con más ganas, por lo que fue seleccionada para la gira de la Malagasy Gospel en España en 2014. Poquito a poco, Mélodie pudo ganar la aprobación de su mamá, que veía lo bien que le sentaba a su hija formar parte de este proyecto artístico.

A parte de los ensayos y de los estudios, Mélodie también conoció el Centro de Educación Nutricional (CENUT) de Tanambao y sugirió a su madre que presentase una solicitud poder obtener una beca. “Ha sido ideal para nosotros. Mi madre pudo beneficiarse de la ayuda para reducir nuestros costes escolares”.

A parte de la mejora material de su calidad de vida, entrar en los proyectos de Agua de Coco también ha mejorado su capacidad relacional. Desde entonces, es muy abierta y se relaciona con mucho más personas que antes, cuando tenía un círculo de amigos bastante limitado.

“Desde mi punto de vista de chica joven, creo que la existencia de un lugar como el Centro de Arte y Música es muy útil para evitar los riesgos que corren los y las jóvenes (drogas, dependencia al juego, sexo precoz). Además, para mí, cantar en el coral es un honor y un placer cotidiano. Cantando frente a un público, he podido vencer mi timidez. Esta etapa era necesaria en mi vida y en el colegio me sirve mucho ser capaz de hablar en público”

A pesar del entusiasmo que Mélodie comparte con nosotros contando su historia, también dice que un inconveniente de su implicación en el Centro de Arte y Música le obliga a trabajar más para la escuela y que la gestión de sus horarios es ahora más complicada.

Tiene dos deseos para los 25 próximos años. El primero es sobre Agua de Coco. Espera que Agua de Coco crezca y llegue a más regiones donde la gente lo necesite. A nivel personal, espera poder compartir su pasión por el góspel como lo hizo Madame Vola con ella y sus amigas.