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Hoy presentamos la historia de Vanessa Anaya Villegas, antigua responsable de comunicación de Agua de Coco. Nos comparte sus recuerdos, lo bonito y estimulante que fue este trabajo para ella durante los 5 últimos años, y sus expectativas para el futuro. ¡Gracias Vanessa!

«Era el año 2008 y estaba viajando por México, pero empezaba a estar enganchada a este gran continente al que quería volver desde la primera vez que estuve en Senegal en 2007. Por eso buscaba oportunidades en cualquier país africano. Yo quería aprender más. Quería descubrir más.

Fue en ese momento cuando Agua de Coco se cruzó en mi vida. Y fue a través de una oferta que encontré para gestionar el Hôtel Solidaire Mangily (Madagascar). En aquel entonces yo era más joven y con menos experiencia, así que esa vez no hubo suerte. Pasaron los años y conseguí volver a África (Senegal y Sudáfrica), vivir allí, formarme y conocer de primera estos países del continente.

Años después, en 2015, y casualmente otra vez en México viajando, vi una oferta como responsable de comunicación de la red internacional Agua de Coco. Me vi totalmente reflejada en el perfil y decidí probar. ¡Ese sí fue el momento! Y es así como empecé a trabajar en Agua de Coco, ¡quién lo iba a decir en 2008!

Mis cuatro años y medio en Agua de Coco

Cuando empecé a trabajar en la organización, se abrió un universo ante mis ojos. Muchos proyectos, dos países de intervención, eventos solidarios, una red internacional de organizaciones cuya comunicación tenía que coordinar, y sobre todo, un equipo internacional con el que trabajar. Voluntariado nacional e internacional, equipo técnico en francés, inglés, catalán, etc. Todos estos elementos formaban parte de ese gran universo. ¡Una interesantísima red de elementos y un gran reto profesional por delante!

Cuando empecé a trabajar en la organización, se abrió un universo ante mis ojos.

Durante estos años he vivido grandes momentos para rememorar: mis visitas a los proyectos en Madagascar y Camboya, las giras de la Malagasy Góspel y el Tafita, eventos inolvidables y un sinfín de reuniones, charlas y risas con mis compañeras en el día a día, personas que han pasado por el Coco, muchas horas de trabajo para sacar adelante proyectos grandes y muchas satisfacciones con los resultados. La experiencia profesional que he adquirido tras casi un lustro en el “Coco” ha estado acompañada de una gran experiencia personal en una organización con ganas y empuje para hacer muchas cosas y con un buen equipo detrás para sacar adelante las “locuras” que van surgiendo por el camino.

Sobre los próximos 25 años de Agua de Coco

Pienso que Agua de Coco se está haciendo mayor. Y no sólo por los 25 años que cumple ahora, sino porque va adquiriendo forma de organización más grande, proyectos más exigentes, mayor incidencia y mayor crecimiento en general. Así que me imagino que dentro de 25 años será una organización grande, bien organizada, con un buen equipo de profesionales que siguen trabajando en los países con un gran respeto por las comunidades locales, sus culturas y su modo de vida y en pro de la igualdad de género.

Por eso, me gusta imaginarme también un Agua de Coco incidiendo más en los países del Norte donde esté presente, cambiando mentalidades y concienciando y luchando por un mundo más justo, porque cambiar las cosas aquí tiene un impacto real allí.

Pero a la vez, ojalá no hiciese falta que Agua de Coco esté ahí en 25 años, porque significaría que las ONGs han dejado de tener sentido. Desafortunadamente estamos a años luz de conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible que marca Naciones Unidas y la desigualdad social y la pobreza son escandalosas. Por eso, me gusta imaginarme también un Agua de Coco incidiendo más en los países del Norte donde esté presente, cambiando mentalidades y concienciando y luchando por un mundo más justo, porque cambiar las cosas aquí tiene un impacto real allí.

¡Felicidades por estos 25 años a Agua de Coco y por muchos más!»

 

 *En la foto un gran momento con mi jefe y mis compis en Madagascar, tocando el cajón flamenco en el Centro de Arte y Música, ¡yo que no tengo ni idea de cajón flamenco!