Más de 4.000 espectadores, cuatro ciudades, encuentros con centros educativos, intercambios culturales y tres semanas de convivencia han convertido la gira española de El Sueño de Nirina en una experiencia de crecimiento, aprendizaje y encuentro entre Madagascar y España.
El 18 de septiembre, 54 niños, niñas y jóvenes llegaban a España desde Madagascar con muchas horas de viaje a sus espaldas, sus maletas, sus instrumentos y una historia que llevaban meses preparando para compartir.
Tres semanas después emprendían el camino de regreso.
Entre un momento y otro hubo seis funciones, cuatro ciudades, miles de kilómetros, colegios, teatros, entrevistas, ensayos, juegos, nuevos amigos, fútbol, música, playa, helados, nervios, aplausos y muchísimas primeras veces.
Porque la gira española de El Sueño de Nirina ha sido mucho más que una gira de ópera.
Ha sido, sobre todo, una enorme experiencia de vida.
Tres semanas son difíciles de resumir solo con palabras. Desde su salida de Madagascar hasta el último día en Valencia, hemos querido reunir en este vídeo algunos de los momentos que hicieron de esta gira una experiencia inolvidable: viajes, escenarios, risas, música, abrazos y, sobre todo, muchas primeras veces.
Así vivimos El Sueño de Nirina en España.
Los primeros días: aterrizar, descubrir y empezar a compartir
Después de aterrizar en Madrid el 18 de septiembre, el grupo pasó sus primeros días en San Lorenzo de El Escorial.
Antes de comenzar el ritmo intenso de ensayos y funciones era importante descansar, adaptarse y empezar a descubrir el país que durante las siguientes semanas se convertiría en su casa.
Hubo paseos, actividades culturales, juegos y tiempo para conocernos mejor y coger fuerzas. El programa de esos primeros días combinaba descanso y visitas culturales antes de poner rumbo a Alcobendas.
Fueron días sencillos, pero importantes. Los primeros parques, las primeras calles, los primeros encuentros y también los primeros helados de muchos que llegarían después.
Porque una gira como esta también se construye en esos pequeños momentos que nunca llegan al escenario.
Alcobendas y Madrid: comienza el sueño
El 21 de septiembre arrancó una semana intensa de ensayos y encuentros educativos.
Antes incluso de levantar el telón, los jóvenes comenzaron a compartir su experiencia con niños, niñas y adolescentes españoles. Hubo intercambios con diferentes centros educativos y jornadas en las que muchas veces las palabras dejaron de ser necesarias.
El 22 de septiembre, los 54 jóvenes participaron en una jornada muy especial en el CIFP José Luis Garci de Alcobendas, que culminó con la presentación de la gira ante los medios de comunicación. Allí fueron ellos y ellas quienes ocuparon el centro: respondieron preguntas, compartieron su experiencia y terminaron regalando su música al alumnado del centro.
En los días siguientes continuaron los intercambios con centros educativos de Alcobendas, mientras por las tardes seguían los ensayos, las pruebas de vestuario, la música y el trabajo escénico.
Y finalmente llegó el momento.
El 25 de septiembre, El Sueño de Nirina levantó por primera vez el telón en España, en La Esfera de Alcobendas.
Después llegaron las dos funciones del Teatro Albéniz de Madrid, los días 26 y 27 de septiembre. Entre ambas hubo además tiempo para seguir descubriendo la ciudad, incluida una visita al entorno del Palacio Real antes de la función del sábado.
El domingo, el Albéniz estaba lleno.
Y aquello que durante tanto tiempo había sido un sueño ensayado en Madagascar estaba ocurriendo de verdad.
Un escenario compartido entre Madagascar y España
Una de las claves de El Sueño de Nirina ha sido que el escenario nunca perteneció únicamente al elenco llegado desde Madagascar.
Durante toda la gira, los jóvenes estuvieron acompañados por la Orquesta de La Música del Reciclaje, haciendo de la música otro de los grandes puentes entre ambas realidades.
Y en cada ciudad fueron incorporándose a los coros, además, colegios y colectivos locales.
En Madrid y Alcobendas participaron integrantes del Coro del Brains International School de Alcobendas y del coro de la Asociación Barró de Madrid.
En Granada se sumaron jóvenes vinculados a Almanjáyar en Familia (ALFA), el Colegio San Roque y Pequeñas Voces de la Alhambra.
Y en Valencia participaron jóvenes de Fundación Secretariado Gitano y de Cor El Convent / Escola de Música de Foios.
Realidades diferentes, edades diferentes, idiomas diferentes.
Pero bastaban una canción, un ritmo, un ensayo o una mano tendida para que muchas de esas diferencias desaparecieran.
Ese era también el sentido del proyecto: que El Sueño de Nirina no viajara simplemente desde Madagascar hasta España, sino que se transformara en cada ciudad gracias a las personas que se iban sumando a él.
Granada: cuando ya no hace falta hablar el mismo idioma
El 28 de septiembre la gira puso rumbo a Granada.
Y allí volvieron a ocurrir algunas de esas cosas difíciles de explicar únicamente con una agenda.
Los días 29 y 30, los jóvenes compartieron actividades e intercambios con niños y niñas del Colegio CajaGranada.
Jugaron, bailaron, hicieron música, compartieron un partido de fútbol y, sobre todo, se encontraron.
Durante unas horas, la lengua malgache y el español dejaron de importar demasiado. El idioma era otro: darse la mano, reír, jugar juntos y descubrir que, aunque se nazca a miles de kilómetros de distancia, hay muchas más cosas que nos unen de las que pensamos.
El 30 de septiembre, la Sala Jiménez Torrecillas acogió además una presentación abierta a medios de comunicación, centros educativos y ciudadanía. Los jóvenes pudieron contar de primera mano quiénes eran, de dónde venían y qué había significado para ellos participar en El Sueño de Nirina.
Y entre ensayos y funciones hubo también tiempo para conocer Granada. El 1 de octubre, antes de volver al teatro, visitaron las Cuevas del Sacromonte, acercándose a otro espacio profundamente ligado a la cultura y a la historia de la ciudad.
Por las noches llegaba de nuevo el escenario.
El 1 de octubre, el Teatro Isabel la Católica rozó el lleno y el día 2 de octubre colgó el cartel de completo.
Valencia: descubrir el mar y cerrar la gira en Les Arts
Tras Granada llegó el último gran desplazamiento: ocho horas de viaje hasta Valencia y una nueva casa temporal en El Saler.
Allí les esperaba algo que para muchos se convirtió en otro de los grandes recuerdos del viaje: el mar Mediterráneo.
La mañana del 5 de octubre quedó reservada para descansar y disfrutar de una jornada relajada y divertida antes de volver por la tarde a los ensayos.
Pudieron pasear, conocer la ciudad, disfrutar de sus parques y jardines y seguir acumulando esas pequeñas experiencias que habían ido acompañando toda la gira.
Y, por supuesto, más helados.
El 6 de octubre, el Palau de les Arts acogió la última función de El Sueño de Nirina en España. Después de semanas de trabajo, ensayos, kilómetros y emociones, el elenco subía por última vez al escenario de esta gira.
Pero todavía quedaba una última celebración.
El día 7, el Casal de Esplai acogió una fiesta de despedida, con música y una blues session en la que hubo tiempo para bailar, cantar, celebrar y empezar a asimilar todo lo vivido juntos.
El 8 de octubre comenzó el viaje de regreso.
Las maletas eran las mismas. Quienes las llevaban probablemente ya no.
Seis funciones, cuatro ciudades y más de 4.000 espectadores
La gira española se cerró con seis funciones en Alcobendas, Madrid, Granada y Valencia y una asistencia aproximada superior a las 4.000 personas.
Madrid agotó prácticamente su función del domingo, Granada rozó el lleno durante sus dos noches y cientos de personas acompañaron también las funciones de Alcobendas y Valencia.
Pero el impacto de estas semanas fue mucho más allá de las butacas.
Cientos de niños, niñas y jóvenes participaron en encuentros educativos, intercambios y actividades, mientras televisiones, radios, prensa escrita y medios digitales, tanto nacionales como autonómicos y locales, ayudaban a que la historia de Nirina y la realidad de la infancia en Madagascar llegaran mucho más lejos.
Porque durante estas semanas los jóvenes no solo interpretaron su historia.
También pudieron contarla con su propia voz.
Todo lo que ocurre cuando nadie mira al escenario
Una gira de estas dimensiones con 54 niños, niñas y jóvenes no sería posible sin una enorme cantidad de trabajo que rara vez aparece en las fotografías oficiales.
Durante todo el recorrido nos acompañó el fotógrafo Benito Pajares, documentando con su mirada cada etapa del viaje, dentro y fuera de los escenarios.
A ese trabajo se sumaron cientos de fotografías tomadas por el propio equipo y por el voluntariado que acompañó a los diferentes grupos y actividades.
Fotos de ensayos, comidas, transportes, juegos, colegios, paseos, bailes, abrazos, playas o meriendas.
Imágenes que hoy son también la memoria de esta experiencia y que viajarán con ellos de regreso a Madagascar.
Y detrás de cada una de esas imágenes hubo muchísimo trabajo invisible.
Un enorme equipo de Fundación Agua de Coco, profesionales y una red de voluntariado que, ciudad tras ciudad, permitió acompañar, cuidar, mimar y proteger a más de 50 jóvenes poniendo siempre en el centro su bienestar y sus derechos.
Médicos, fisioterapeutas, pedagogos y personas encargadas del acompañamiento, la alimentación, las lavanderías, los alojamientos, los traslados, la logística, las actividades o los pequeños imprevistos que inevitablemente surgen cuando tantas personas viajan juntas.
Personas pendientes de que nadie se quedara atrás.
De que hubiera una comida preparada.
De que una camiseta estuviera limpia.
De que alguien fuera al médico si lo necesitaba.
De que los jóvenes pudieran disfrutar, aprender y vivir esta aventura sintiéndose seguros y acompañados.
Cuidar también fue hacer posible el sueño.
Y nada de esto habría ocurrido sin todas esas personas que regalaron horas, conocimientos, energía y muchísimo cariño. Y abrazos. Muchos abrazos.
La gira termina. El trabajo continúa
El Sueño de Nirina nació en Tulear a partir de las historias y experiencias de jóvenes del sur de Madagascar.
La obra habla de abandono escolar, matrimonio infantil, desigualdad, explotación y cambio climático, pero nunca ha querido definir a sus protagonistas únicamente por las dificultades que les rodean.
Habla también —y sobre todo— de lo que ocurre cuando existen oportunidades.
Cuando alguien acompaña.
Cuando existe un espacio seguro para aprender, crear, descubrir un talento y empezar a creer en uno mismo.
Eso es precisamente lo que ocurre cada día en el CASEM, el Centro de Acompañamiento Socioeducativo y Musical de Fundación Agua de Coco y ONG Bel Avenir en Tulear, al que se destinan los fondos de esta gira y del que proceden todos estos jóvenes.
Y quizá ahí esté el verdadero sentido de todo este viaje.
Hace unas semanas, 54 jóvenes salieron de Madagascar con una ópera que contar.
Ahora regresan con seis escenarios a sus espaldas, nuevas amistades, ciudades descubiertas, miles de aplausos, cientos de fotografías y la certeza de haber sido capaces de llevar su historia a miles de kilómetros de casa.
Pero las luces del último teatro se apagaron y la realidad continúa en Madagascar.
Y también continúa nuestro trabajo.
Para que otros muchos niños y niñas tengan un espacio donde sentirse seguros, queridos y acompañados.
Para que puedan estudiar.
Para que puedan crear.
Para que puedan elegir.
Y, sobre todo, para que puedan seguir creyendo que ellos también tienen derecho a soñar.
Gracias a todas las personas, entidades, colectivos, profesionales y voluntariado que habéis hecho posible este viaje.
Este sueño también es vuestro.



