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Con motivo de nuestro 25 aniversario, seguimos recopilando “25 historias”, cada una representativa de la diversidad y de grandes personas que hemos tenido la suerte de encontrar a lo largo de este viaje. Voluntario/as, socio/as, familias enteras comprometidas, equipo técnico, beneficiario/as en Madagascar y en Camboya, miembros de la red Agua de Coco… Todos forman parte de la historia de Agua de Coco y han contribuido a escribirla. Hoy destacamos la historia de Yosip Sverko, que desde su experiencia de voluntariado especializado en comunicación y web desde Madagascar y desde España, nos enseña lo diverso que puede ser hacer un voluntariado con Agua de Coco.

«Buenos días! Me llamo Yosip Sverko. Mi colaboración con Agua de Coco empezó el 15 de mayo de 2011, cuando puse rumbo a Madagascar. Todo empezó gracias a un amigo (Francisco López, más conocido como Paco) que estudió diseño gráfico conmigo en Barcelona. Él ya era voluntario de Agua de Coco desde hacía varios años, de hecho él por ese entonces era el jefe del departamento de comunicación de la ONG, vivía y trabajaba en Tulear, Madagascar. En enero de 2011, Paco vino de vacaciones a Barcelona, nos vimos y me comentó que Agua de Coco estaba buscando voluntarios para hacer la nueva web, entonces me animó a participar en este proyecto a mi y a un amigo. Como mi amigo y yo somos profesionales en el ámbito del diseño y desarrollo de páginas web, nos entusiasmó mucho la idea y decidimos apuntarnos al proyecto.

En los siguientes meses hicimos todos los trámites necesarios para poder viajar a Madagascar y el 15 de mayo de 2011 pusimos rumbo a nuestra aventura. En un par de días llegamos a Tulear. Las primeras dos semanas fueran de adaptación y estuvimos conociendo a fondo y sobre el terreno cada uno de los proyectos que Agua de Coco estaba desarrollando en Madagascar. Todos ellos nos encantaron y esta primera toma de contacto nos sirvió de mucha ayuda para poder desarrollar el proyecto de la nueva web con mucha más coherencia, detalle e implicación. Durante los siguientes tres meses estuvimos trabajando codo a codo con el departamento de comunicación de la ONG en Tulear, haciendo el nuevo diseño gráfico para la web, la nueva estructura de contenidos, imágenes, etc. Fue una experiencia increíble y muy enriquecedora tanto a nivel profesional como humano. Tuvimos la oportunidad de conocer a muchas personas de Madagascar y de diferentes países que como nosotros también estaban haciendo un voluntariado. Con muchos de ellos aún mantenemos una gran amistad.

Pasados esos tres meses volvimos a Barcelona para continuar con el proyecto web hasta finalizarlo. Este viaje a Madagascar también nos marcó mucho a nivel personal y profesional, tanto así que gracias a esta experiencia mi amigo y yo decidimos emprender y formar nuestra propia empresa «Eka». Eka es una palabra malgache ya que la idea de crearla surgió durante nuestra estancia en Tulear.

Gracias a esta gran experiencia en Tulear, nuestra implicación con Agua de Coco fue aumentando cada vez más y al llegar a Barcelona decidimos convertirnos en voluntarios. Desde entonces hemos participado en muchas actividades y proyectos que Agua de Coco organiza en España.

En todo este tiempo he realizado las siguientes actividades:

– Soporte en los proyectos y acciones de sensibilización, como voluntario y posteriormente como delegado de la sede de Agua de Coco en Barcelona
– Soporte en diseño gráfico para las campañas y proyectos
– Soporte en diseño y desarrollo web para los sitios web de Agua de Coco
– Soporte en el área de comunicación
-Soporte en la organización de varios eventos (Malagasy Gospel, Bloco Malagasy, Sant Jordi Solidario, etc)

Agua de Coco me ha aportado la oportunidad de crecer personal y profesionalmente, de sentir que mi trabajo, mis conocimientos y mi aportación son útiles y pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de otras personas. Poder conocer a personas excelentes y hacer grandes amigos. Poder vivir una experiencia única, diferente y muy enriquecedora.

Recuerdo con mucho cariño y alegría cada uno de los días que pasé por Tulear, cada día tenía que entrar a trabajar a las 6:30 am, pero aún así me despertaba con una gran sonrisa y con muchas ganas de coger mi bici para ir al Cinema Tropic recorriendo las callecitas sin asfaltar y con baches de Tulear. El camino se me hacía muy corto y entretenido viendo a los niños y gente que me saludaban. Además me sentía muy feliz de estar ahí porque sabía que al llegar al trabajo me encontraría con toda la gente de la ONG, todos éramos como una gran familia.

Recuerdo que durante el día, muchas veces estaba trabajando con mi ordenador y escuchaba a los niños que jugaban a la pelota afuera del Cinema Tropic, a ratos yo salía a la calle, los veía jugar y jugaba con ellos unos minutos, esos momentos me llenaban de energía para seguir haciendo mi trabajo. Luego por la tarde llegaban a ensayar, primero las niñas de la Malagasy Gospel y después las de la Bloco Malagasy, era increíble escuchar cantar a la Malagasy Gospel sus canciones, que aunque muchas de ellas al principio no las entendía porque las cantaban en malgache, nos alegraban la tarde. Más tarde empezaban los ensayos de la Bloco Malagasy, era muy bonito ver y escuchar los ritmos de batucada que tocaban, nos contagiaban de mucha energía positiva.

¿Como veo la red en 25 años? Veo a una Agua de Coco mucho más grande, más profesional, realizando muchos más proyectos a nivel mundial, pero siempre conservando su esencia humana y de proximidad que la caracteriza.

Deseo que Agua de Coco siga creciendo cada vez más, que cada vez haya más gente implicada en sus proyectos para que pueda seguir ayudando a mejorar la calidad de vida de las personas que lo necesitan, a empoderar a más y más mujeres para conseguir un mundo mucho más igualitario y sostenible.»